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domingo, 25 de noviembre de 2012

Plenitud del Sacerdocio de Cristo

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia.

http://www.clerus.org/clerus/dati/2003-07/29-13/SPALEN04.pdf

La Promesa de la Nueva Alianza

http://www.clerus.org/clerus/dati/2003-07/29-13/SPALEN02.pdf


El verdadero rostro de la Iglesia repleto y saturado de Divinidad

http://www.clerus.org/clerus/dati/2007-09/28-13/SPALEN01.pdf



Nota explicativa para incrementar en Diócesis
(parroquias, rectorías, capillas, monasterios, conventos, seminarios)
la práctica de la adoración eucarística continuada[1]
en favor de todos los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales

En la Exhortación Apostólica "Sacramentum Caritatis", el Santo Padre Benedictus XVI ha concretado la perenne enseñanza de la Iglesia sobre la centralidad de la adoración eucarística en la vida eclesial, en una llamada operativa para la adoración perpetua dirigida a todos los Pastores, Obispos y Sacerdotes, y al Pueblo de Dios: "juntamente con la Asamblea Sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria. (194) A tal propósito, será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto, que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua. Recomiendo también que en la formación catequética, sobre todo en el ciclo de preparación para la Primera Comunión, se inicie a los niños en el significado y belleza de estar con Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía. (Sacramentum Caritatis, n. 67)
Para favorecer la llamada del Santo Padre, la Congregación para el Clero, en su solicitud para los Presbiterios, propone:

1.      que en cada Diócesis se encargue a un sacerdote que se dedique íntegramente - dentro de lo posible - al específico ministerio de promoción de la adoración eucarística y a la coordinación de este importante servicio en la Diócesis. Dedicándose generosamente a tal ministerio él mismo tendrá la posibilidad de vivir esta particular dimensión de vida litúrgica, teológica, espiritual y pastoral, posiblemente en un lugar oportunamente reservado a tal objetivo, identificado por el mismo Obispo, donde los fieles podrán beneficiarse de la adoración eucarística perpetua. Así como existen Santuarios marianos, con rectores asignados a un particular ministerio adaptado a las exigencias específicas, de la misma manera podrán existir "Santuarios eucarísticos" con sacerdotes responsables, que irradien y promuevan el especial amor de la Iglesia por la Santa Eucaristía, dignamente celebrada y continuamente adorada. Un tal ministerio, al interno del presbiterio, les recordará a todos los sacerdotes diocesanos, como ha dicho Benedictus XVI, que "precisamente en la Eucaristía radica el secreto de su santificación. (…) el presbítero ante todo debe adorar y contemplar la Eucaristía" (Ángelus del 18 de septiembre de 2005);
2.      que se indiquen lugares específicos que puedan ser reservados especialmente a la adoración eucarística continuada. Con tal objetivo que sean animados los sacerdotes, los rectores y los capellanes a introducir en sus comunidades la práctica de la adoración eucarística, ya sea personal que comunitaria, según las posibilidades de cada uno y con un esfuerzo colectivo de incremento de la vida de oración. Que no dejen de ser involucradas en esta práctica todas las fuerzas vivas, a partir de los niños que se preparan para la Primera Comunión;
3.      que las Diócesis interesadas en tal proyecto puedan buscar subsidios apropiados para organizar la adoración eucarística continuada en el Seminario, en las Parroquias, en las Rectorías, en los Oratorios, en los Santuarios, en los Monasterios, en los Conventos. La Divina Providencia también ayudará a encontrar bienhechores que contribuyan en adecuadas obras para poner en practica este proyecto de renovación eucarística de las Iglesias particulares, como por ejemplo: construcciones o adaptaciones de un lugar de culto para la adoración, al interior de un gran edificio de culto; la adquisición de un solemne ostensorio o un noble paramento litúrgico; la subvención de material litúrgico-pastoral-espiritual para tal promoción;
4.      que las iniciativas finalizadas al Clero local, sobre todo aquellas relativas a la formación permanente del mismo, estén siempre impregnadas por un clima eucarístico, que será justamente favorecido por un congruo tiempo dedicado a la adoración del Santísimo Sacramento, de modo que ella misma se vuelva, junto a la Santa Misa, la fuerza propulsora de cada empeño individual y comunitario;


5.      que las modalidades para la adoración eucarística en los distintos lugares, puedan ser diferentes, según las posibilidades concretas. Por ejemplo:

·        adoración eucarística perpetua durante las 24 horas;
·        adoración eucarística continuada desde las primeras horas de la mañana hasta  la noche;
·        adoración eucarística desde las ….. horas hasta las ….horas de cada día;
·        adoración eucarística desde las ….. horas hasta las ….horas de uno o más día de la semana;
·        adoración eucarística en particulares circunstancias como fiestas o solemnidades.

La Congregación para el Clero expresa su gratitud a los Ordinarios que serán animadores de tal proyecto, y que ayudarán a renovar espiritualmente al Clero y al pueblo de Dios en sus Iglesias particulares.
Con el objetivo de poder seguir de cerca el desarrollo de cuanto deseado por el Santo Padre, se solicita a los Ordinarios, interesados a tal iniciativa, señalar a este Dicasterio los puntos relativos a la adoración eucarística continuada en su Diócesis, sobre todo indicando cuáles sacerdotes y lugares han sido señalados en este importante apostolado eucarístico.

La Congregación para el Clero queda a vuestra disposición para eventuales o ulteriores explicaciones en materia, donde sea necesario.






Ciudad del Vaticano, el 8 de diciembre de 2007
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María


[1] Por “adoración eucarística continuada” se entiende no solamente la adoración sin interrupciones durante las 24 hs, sino también la adoración continuada desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas horas de la noche. Esta última, de hecho será más factible para los sacerdotes y los fieles de las pequeñas comunidades. Obviamente y allí donde el número de files es mayor y exista la disponibilidad, se podrá evaluar la posibilidad de exponer la Eucaristía sin interrupciones.



Excelencia Reverendísima,

Son realmente muchas las cosas por hacer para el verdadero bien del Clero y para la fecundidad del ministerio pastoral en las actuales circunstancias, pero justamente por esto, aún con el firme propósito de afrontar tales desafíos sin eludir dificultades y fatigas, con la conciencia que el actuar es consecuencia del ser y que el alma de cada apostolado es la intimidad divina, se quiere partir de un movimiento espiritual que, haciendo tomar cada vez más conciencia del vínculo ontológico entre Eucaristía y Sacerdocio y de la especial maternidad de María hacia todos los Sacerdotes, haga nacer una cadena de adoración perpetua, para la santificación de los clérigos como un inicio de compromiso de las almas femeninas consagradas para que, sobre la tipología de la Santísima Virgen María, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote y Socia de su obra de Redención, quieran adoptar espiritualmente a sacerdotes para ayudarlos con la ofrenda de sí, con la oración y la penitencia. En la adoración se incluye el acto de reparación por los propias faltas y, en las actuales circunstancias, se sugiere incluir una intención particular en tal sentido.

Según el dato constante de la Tradición, el misterio y la realidad de la Iglesia no se reducen a la estructura jerárquica, a la liturgia, a los sacramentos y a los ordenamientos jurídicos. En efecto, la naturaleza íntima de la Iglesia y el origen primario de su eficacia santificadora, hay que buscarlos en la mística unión con Cristo.
Según la doctrina y la propia estructura de la constitución dogmática Lumen Gentium, tal unión no puede imaginarse separada de la Madre del Verbo Encarnado y que Jesús ha querido unida íntimamente a Sí para la salvación de todo el género humano.
Entonces no es casual que el mismo día que fue promulgada la constitución dogmática sobre la Iglesia - el 21 de noviembre de 1964 -, Pablo VI proclamó a María “Madre de la Iglesia”, es decir, madre de todos los fieles y de todos los pastores.
Y el Concilio Vaticano II - refiriéndose a la Santísima Virgen - así se expresa: “…Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras Él moría en la Cruz, cooperó en la obra del Salvador en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia” (LG n. 61).
Sin añadir o quitar nada a la única mediación de Cristo, la siempre Virgen es reconocida e invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Medianera; Ella es el modelo del amor materno, que tiene que animar a quienes cooperan, a través de la misión apostólica de la Iglesia, en la regeneración de toda la humanidad (Cf. LG n. 65).
A la luz de estas enseñanzas que forman parte de la eclesiología del Concilio Vaticano II, los fieles, dirigiendo la mirada a María - ejemplo fúlgido de cada virtud -, están llamados a imitar a la primera discípula, la Madre, a quien en Juan - a los pies de la cruz (Cf. Jn 19, 25-27) - fue confiado cada discípulo, así, convirtiéndose en sus hijos, aprenden de Ella el verdadero sentido de la vida en Cristo.
De tal modo - y justamente a partir del lugar ocupado y del rol desarrollado por la Santísima Virgen en la historia de la salvación - se entiende, de modo todo particular, confiarle a María, la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, todos los Sacerdotes, suscitando en la Iglesia un movimiento de oración, que ponga al centro la adoración eucarística continuada durante las veinticuatro horas, de modo tal, que de cada rincón de la tierra, siempre se eleve a Dios, incesantemente, una oración de adoración, agradecimiento, alabanza, petición y reparación, con el objetivo principal de suscitar un número suficiente de santas vocaciones al estado sacerdotal y, al mismo tiempo, acompañar espiritualmente - a nivel del Cuerpo Místico - con una especie de maternidad espiritual, a quienes ya han sido llamados al sacerdocio ministerial y están ontológicamente conformados al único Sumo y Eterno Sacerdote, para que sirvan siempre mejor a Él y a los hermanos como a quienes que, al mismo tiempo, están “en” la Iglesia pero también, “al frente de” la Iglesia, teniendo las funciones de Cristo y representándolo como cabeza, pastor y esposo de la Iglesia (Cf. PdV n. 16).

Por tanto, se ruega a todos los Ordinarios diocesanos que, de modo particular, advierten la especificidad y la insustituibilidad del ministerio ordenado en la vida de la Iglesia, junto a la urgencia de una acción común en favor del sacerdocio ministerial, que sean parte activa y promuevan - en los diferentes sectores del pueblo de Dios confiados a ellos - verdaderos cenáculos en los cuales clérigos, religiosos y laicos se dediquen, unidos entre ellos y con espíritu de verdadera comunión, a la oración bajo forma de adoración eucarística continuada, también en espíritu de genuina y real reparación y purificación. Se incluye a tal fin un opúsculo con la finalidad de comprender mejor la índole de tal iniciativa, para poder adherirse con espíritu de fe al proyecto presentado.

¡Que María, Madre del Único, Eterno y Sumo Sacerdote, bendiga esta iniciativa e interceda delante de Dios, pidiendo una auténtica renovación de la vida sacerdotal partiendo del único modelo posible: Jesucristo, Buen Pastor!

En el Vínculo de la communio eclesial con sentimientos de intenso afecto colegial, cordialmente

Cláudio Card. Hummes

            Prefetto

         
X Mauro Piacenza

                                                                                                  Segretario



Ciudad del Vaticano, el 8 de diciembre de 2007
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María
"Rogad, pues, al Dueño de la mies que mande obreros"

"Rogad, pues, al Dueño de la mies que mande obreros". Eso significa:  la mies existe, pero Dios quiere servirse de los hombres, para que la lleven a los graneros. Dios necesita hombres. Necesita personas que digan:  "Sí, estoy dispuesto a ser tu obrero en esta mies, estoy dispuesto a ayudar para que esta mies que ya está madurando en el corazón de los hombres pueda entrar realmente en los graneros de la eternidad y se transforme en perenne comunión divina de alegría y amor".
"Rogad, pues, al Dueño de la mies" quiere decir también:  no podemos "producir" vocaciones; deben venir de Dios. No podemos reclutar personas, como sucede tal vez en otras profesiones, por medio de una propaganda bien pensada, por decirlo así, mediante estrategias adecuadas. La llamada, que parte del corazón de Dios, siempre debe encontrar la senda que lleva al corazón del hombre.
Con todo, precisamente para que llegue al corazón de los hombres, también hace falta nuestra colaboración. Ciertamente, pedir eso al Dueño de la mies significa ante todo orar por ello, sacudir su corazón, diciéndole:  "Hazlo, por favor. Despierta a los hombres. Enciende en ellos el entusiasmo y la alegría por el Evangelio. Haz que comprendan que este es el tesoro más valioso que cualquier otro, y que quien lo descubre debe transmitirlo".

Nosotros sacudimos el corazón de Dios. Pero no sólo se ora a Dios mediante las palabras de la oración; también es preciso que las palabras se transformen en acción, a fin de que de nuestro corazón brote luego la chispa de la alegría en Dios, de la alegría por el Evangelio, y suscite en otros corazones la disponibilidad a dar su "sí". Como personas de oración, llenas de su luz, llegamos a los demás e, implicándolos en nuestra oración, los hacemos entrar en el radio de la presencia de Dios, el cual hará después su parte.
En este sentido queremos seguir orando siempre al Dueño de la mies, sacudir su corazón y, juntamente con Dios, tocar mediante nuestra oración también el corazón de los hombres, para que él, según su voluntad, suscite en ellos el "sí", la disponibilidad; la constancia, a través de todas las confusiones del tiempo, a través del calor de la jornada y también a través de la oscuridad de la noche, de perseverar fielmente en el servicio, precisamente sacando sin cesar de él la conciencia de que este esfuerzo, aunque sea costoso, es hermoso, es útil, porque lleva a lo esencial, es decir, a lograr que los hombres reciban lo que esperan:  la luz de Dios y el amor de Dios.

BENEDICTO XVI
Encuentro con los Sacerdotes y Diáconos – Freising 14 de Septiembre de 2006

jueves, 8 de noviembre de 2012

domingo, 28 de octubre de 2012