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miércoles, 27 de febrero de 2013

ULTIMA AUDIENCIA DEL PAPA BENEDICTO XVI

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EclesiasTIC: Tengo un blog ¿necesito utilizar otras redes socia...: Son interesantes las palabras con que el arzobispo Claudio Maria Celli explica la decisión de Benedicto XVI de entrar decididamente los ...

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Misterio Cristiano: Verdadera comida y verdadera bebida

Misterio Cristiano: Verdadera comida y verdadera bebida: " P orque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en...

Misterio Cristiano: Corpus Christi

Misterio Cristiano: Corpus Christi: P or estas fechas se celebra en España y en el mundo la fiesta del Cuerpo del Señor, la fiesta de la Eucaristía. La palabra eucaristía prov...

lunes, 25 de febrero de 2013

Relación Misa-Adoración

http://www.opera-eucharistica.org/espa%C3%B1ol/espiritualidad/relaci%C3%B3n-misa-adoraci%C3%B3n/

"Alma mía, ¡no te mires...!"

En "La Obra de la Iglesia. Año de la fe" se ha publicado un nuevo artículo,
'Alma mía, ¡no te mires…!'

Después de haberles hecho vivir y contemplar el misterio trinitario, Dios se
complace en manifestar a las almas su grandeza y su destino eterno. No es
conforme a lo que Dios nos pide el autocomplacerse en los dones que Él
concede.
El tema “Alma mía, no te mires” constituye el sello que el Señor ha
querido [...]

Puede acceder a la nueva publicación aquí:
http://workofthechurch.org/zonap/2013/02/alma-mia-no-te-mires/

Carta apostólica en forma de "Motu Proprio" sobre alguna modificaciones a las normas relativas a la elección del Romano Pontífice (22 de febrero de 2013).

SUMO PONTIFICE BENEDICTO XVI: Carta Apostólica en forma de "Motu Proprio" DATAE NORMAS NONNULLAS sobre algunas modificaciones a las normas relativas a la elección del Romano Pontífice (22 de febrero de 2013). TEXTO COMPLETO:

Con la Carta apostólica “De aliquibus mutationibus in normis de electione Romani Pontefici”, dada como Motu Proprio en Roma el 11 de junio de 2007 en el tercer año de mi pontificado, he establecido algunas normas que, abrogando las prescritas en el número 75 de la Constitución apostólica “Universi Dominici gregis” promulgadas el 22 de febrero de 1996 por mi predecesor el beato Juan Pablo II, restablecían la norma sancionada por la tradición, según la cual para la elección válida del Romano Pontífice se requiere siempre la mayoría de dos tercios de los votos de los cardenales presentes.

Considerada la importancia de asegurar el mejor funcionamiento de cuanto atañe, si bien con relieve diverso, a la elección del Romano Pontífice, en particular una interpretación y actuación mas cierta de algunas disposiciones, establezco y prescribo que algunas normas de la Constitución apostólica “Universi Dominici gregis” y cuanto yo mismo dispuse en la Carta apostólica más arriba mencionada se sustituyan con las normas que siguen:

35. Ningún Cardenal elector podrá ser excluido de la elección, activa o pasiva, por ningún motivo o pretexto, quedando en pie lo establecido en los números 40 y 75 de esta Constitución.

37.Establezco, además, que desde el momento en que la Sede Apostólica esté legítimamente vacante los Cardenales electores presentes esperen durante quince días completos a los ausentes; dejo además al Colegio de los Cardenales la facultad de anticipar el comienzo del Cónclave si consta la presencia de todos los cardenales electores, como la facultad de retrasar, si hubiera motivos graves, el comienzo de la elección algunos días.. Pero pasados al máximo veinte días desde el inicio de la Sede vacante, todos los Cardenales electores presentes están obligados a proceder a la elección.

43. Desde el momento en que se ha dispuesto el comienzo del proceso de la elección hasta el anuncio público de que se ha realizado la elección del Sumo Pontífice o, de todos modos, hasta cuando así lo ordene el nuevo Pontífice, los locales de la Domus Sanctae Marthae, como también y de modo especial la Capilla Sixtina y las zonas destinadas a las celebraciones litúrgicas, deben estar cerrados a las personas no autorizadas, bajo la autoridad del Cardenal Camarlengo y con la colaboración externa del Vice Camarlengo y del Sustituto de la Secretaría de Estado, según lo establecido en los números siguientes.

Todo el territorio de la Ciudad del Vaticano y también la actividad ordinaria de las Oficinas que tienen su sede dentro de su ámbito deben regularse, en dicho período, de modo que se asegure la reserva y el libre desarrollo de todas las actividades en relación con la elección del Sumo Pontífice. De modo particular se deberá cuidar, también con la ayuda de los Prelados Clérigos de Cámara, que nadie se acerque a los Cardenales electores durante el traslado desde la Domus Sanctae Marthae al Palacio Apostólico Vaticano.

46.,Párrafo 1.-Para satisfacer las necesidades personales y de la oficina relacionadas con el desarrollo de la elección, deberán estar disponibles y, por tanto, alojados convenientemente dentro de los límites a los que se refiere el n. 43 de la presente Constitución, el Secretario del Colegio Cardenalicio, que actúa de Secretario de la asamblea electiva; el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias con ocho Ceremonieros y dos religiosos adscritos a la Sacristía Pontificia; un eclesiástico elegido por el Cardenal Decano, o por el Cardenal que haga sus veces, para que lo asista en su cargo.

47. Todas las personas señaladas en el num. 46 y en el num. .55, párrafo 2 de la presente Constitución que por cualquier motivo o en cualquier momento fueran informadas por quien sea sobre algo directa o indirectamente relativo a los actos propios de la elección y, de modo particular, de lo referente a los escrutinios realizados en la elección misma, están obligadas a estricto secreto con cualquier persona ajena al Colegio de los Cardenales electores; por ello, antes del comienzo del proceso de la elección, deberán prestar juramento según las modalidades y la fórmula indicada en el número siguiente.

48. Las personas señaladas en el num.46 y en el num. 55, párrafo 2 de la presente Constitución, debidamente advertidas sobre el significado y sobre el alcance del juramento que han de prestar antes del comienzo del proceso de la elección, deberán pronunciar y subscribir a su debido tiempo, ante el Cardenal Camarlengo u otro Cardenal delegado por éste, en presencia de dos Protonotarios apostólicos de Número Participantes, el juramento según la fórmula siguiente:

Yo N. N. prometo y juro observar el secreto absoluto con quien no forme parte del Colegio de los Cardenales electores, y esto perpetuamente, a menos que no reciba especiales facultades dadas expresamente por el nuevo Pontífice elegido o por sus Sucesores, acerca de todo lo que atañe directa o indirectamente a las votaciones y a los escrutinios para la elección del Sumo Pontífice.

Prometo igualmente y juro que me abstendré de hacer uso de cualquier instrumento de grabación, audición o visión de cuanto, durante el período de la elección, se desarrolla dentro del ámbito de la Ciudad del Vaticano, y particularmente de lo que directa o indirectamente de algún modo tiene que ver con las operaciones relacionadas con la elección misma.

Declaro emitir este juramento consciente de que una infracción del mismo comportaría para mí la pena de la excomunión “latae sententiae” reservada a la Sede Apostólica.

Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mi mano.

49. Celebradas las exequias del difunto Pontífice, según los ritos prescritos, y preparado lo necesario para el desarrollo regular de la elección, el día establecido, según lo previsto en el n. 37 de la presente Constitución, no más allá del vigésimo- los Cardenales electores se reunirán en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, o donde la oportunidad y las necesidades de tiempo y de lugar aconsejen, para participar en una solemne celebración eucarística con la Misa votiva “Pro eligendo Papa” (19) Esto deberá realizarse a ser posible en una hora adecuada de la mañana, de modo que en la tarde pueda tener lugar lo prescrito en los números siguientes de la presente Constitución.

50. Desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, donde se habrán reunido en una hora conveniente de la tarde, los Cardenales electores en hábito coral irán en solemne procesión, invocando con el canto del Veni Creator la asistencia del Espíritu Santo, a la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico, lugar y sede del desarrollo de la elección. Participan en la procesión el Vice Camarlengo, el Auditor General de la Cámara Apostólica y dos miembros de cada uno de los Colegios de Protonotarios Apostólicos de Número Participantes, de los Prelados Auditores de la Rota Romana y de los Prelados Clérigos de Cámara.

51. Párrafo 2.- Por tanto, el Colegio Cardenalicio, que actúa bajo la autoridad y la responsabilidad del Camarlengo, ayudado por la Congregación particular de la que se habla en el num.. 7 de la presente Constitución cuidará de que, dentro de dicha Capilla y de los locales adyacentes, todo esté previamente dispuesto, incluso con la ayuda desde el exterior del Vice Camarlengo y del Sustituto de la Secretaría de Estado, de modo que se preserve la normal elección y el carácter reservado de la misma.

55.-Párrafo 3.- Si se cometiese y descubriese una infracción a esta norma, sepan los autores que estarán sujetos a la pena de excomunión “latae sententiae” reservada a la Sede Apostólica.

62. Abolidos los modos de elección llamados per acclamationem seu inspirationem y per compromissum, la forma de elección del Romano Pontífice será de ahora en adelante únicamente per scrutinium.

Establezco, por lo tanto, que para la elección válida del Romano Pontífice se requieren los dos tercios de los votos, calculados sobre la totalidad de los electores presentes y votantes

64. El procedimiento del escrutinio se desarrolla en tres fases, la primera de las cuales, que se puede llamar pre-escrutinio, comprende: 1) la preparación y distribución de las papeletas por parte de los Ceremonieros, llamados al Aula junto con el Secretario del Colegio de Cardenales y con el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias- quienes entregan por lo menos dos o tres a cada Cardenal elector; 2) la extracción por sorteo, entre todos los Cardenales electores, de tres Escrutadores, de tres encargados de recoger los votos de los enfermos, llamados Infirmarii, y de tres Revisores; este sorteo es realizado públicamente por el último Cardenal Diácono, el cual extrae seguidamente los nueve nombres de quienes deberán desarrollar tales funciones; 3) si en la extracción de los Escrutadores, de los Infirmarii y de los Revisores, salieran los nombres de Cardenales electores que, por enfermedad u otro motivo, están impedidos de llevar a cabo estas funciones, en su lugar se extraerán los nombres de otros no impedidos. Los tres primeros extraídos actuarán de Escrutadores, los tres segundos de Infirmarii y los otros tres de Revisores.

70. Párrafo 2.- Los Escrutadores hacen la suma de todos los votos que cada uno ha obtenido, y si ninguno ha alcanzado al menos los dos tercios de los votos en aquella votación, el Papa no ha sido elegido; en cambio, si resulta que alguno ha obtenido al menos los dos tercios, se tiene por canónicamente válida la elección del Romano Pontífice.

75. Si se realizaran en vano los escrutinios que se indican en los números 72, 73 y 74 de la indicada Constitución, téngase un día dedicado a la oración, la reflexión y el diálogo; en las siguientes votaciones, observado el orden establecido en el número 74 de dicha Constitución, solamente tendrán voz pasiva los dos nombres que en el escrutinio precedente hayan obtenido la mayoría de los sufragios, sin apartarse de la norma de que también en estas votaciones para la validez de la elección se requiere la mayoría cualificada de al menos dos tercios de los sufragios de los Cardenales presentes y votantes. En estas votaciones los dos nombres que tienen voz pasiva carecen de voz activa.

87. Realizada la elección canónicamente, el último de los Cardenales Diáconos llama al aula de la elección al Secretario del Colegio de los Cardenales, al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias y a dos Ceremonieros; después, el Cardenal Decano, o el primero de los Cardenales por orden y antigüedad, en nombre de todo el Colegio de los electores, pide el consentimiento del elegido con las siguientes palabras: ¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice? Y, una vez recibido el consentimiento, le pregunta: ¿Cómo quieres ser llamado? Entonces el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, actuando como notario y teniendo como testigos a dos Ceremonieros, levanta acta de la aceptación del nuevo Pontífice y del nombre que ha tomado”.

Este documento entrará en vigor inmediatamente después de su publicación en “L'Osservatore Romano”.

Esto decido y establezco, no obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, al lado de San Pedro, el día 22 de febrero, en el año 2013, octavo de mi pontificado.

lunes, 18 de febrero de 2013

ORAR ES AMAR

En "La Obra de la Iglesia. Año de la fe" se ha publicado un nuevo artículo,
'Orar es amar'

El que descubre la vida de oración corre directo al encuentro con Dios. El
texto de esta semana transmite deseos de buscar a Dios y de encontrarle vivo y
palpitante. La descripción es tan clara, sencilla y convincente que pone al
alma en necesidad de oración eficaz y verdadera.
Orar con fe es la garantía de [...]

Puede acceder a la nueva publicación aquí:
http://workofthechurch.org/zonap/2013/02/orar-es-amar/

martes, 12 de febrero de 2013

Decano del Colegio de Cardenales al Papa: Su pontificado brillará como las estrellas

Decano del Colegio de Cardenales al Papa: Su pontificado brillará como las estrellas

  • Primacía de Dios, fe, oración.
    1. “Sin Dios el hombre no sabe adónde ir ni logra entender quién es”.
    2. “El eclipse de Dios, la difusión de ideologías contrarias a la familia y la degradación de la ética sexual aparecen vinculados”.
    3. “El daño mayor lo recibe [la Iglesia] de lo que contamina la fe”.
    4. “La mayor obra de caridad es precisamente la evangelización”.
    5. “Los padres conciliares no podían y no querían crear una fe ni una Iglesia nueva”.
    6. “El Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica son los instrumentos esenciales que nos indican de modo auténtico lo que la Iglesia cree”.
    7. “La vida sin oración no tiene sentido”.
    8. “Estar juntos en silencio prolongado ante el Señor presente en el Sacramento es una de las experiencias más auténticas de nuestro ser Iglesia”.

    Pecado.
    9. “El verdadero enemigo que hay que temer y combatir es el pecado”.
    10. “No es el castigo lo que debe ser eliminado sino el pecado”.
    11. “Ningún compromiso con el mal ni con la mentira falsifique nuestra vida”.
    12. “La falsedad es la marca del diablo”.
    13. “El rechazo generalizado de la castidad ha producido graves problemas sociales con inmenso costo humano y económico”.
    14. “Pornografía y prostitución son crímenes contra la humanidad”.
    15. [El purgatorio] “no es un fuego exterior, sino interior [que] el alma sufre por no haber respondido de forma perfecta; el amor mismo de Dios la purifica de las escorias de su pecado”.

    Vocación, sacerdocio, episcopado.
    16. “La vocación no es fruto de ningún proyecto humano o de una hábil estrategia organizativa [sino de] la primacía de la vida del espíritu”.
    17. “El llamado a seguir a Jesús más de cerca pasa normalmente a través de la propuesta de un sacerdote”.
    18. “Antes que sacerdotes cultos, elocuentes, puestos al día, se requieren sacerdotes santos y santificadores”.
    19. “Cura no se es a tiempo parcial; se es siempre, con toda el alma, con todo nuestro corazón; no predica un cristianismo à la carte, según sus propios gustos, predicando un Evangelio según sus propias ideas preferidas, según sus propias ideas teológicas; no deja de anunciar toda, toda la voluntad de Dios, también la voluntad incómoda, también los temas que personalmente no me gustan tanto”.
    20. [A los obispos] “De todos los deberes de vuestro ministerio, el más imperioso e importante es la responsabilidad de la celebración de la Eucaristía, y es competencia vuestra velar para que los fieles tengan la posibilidad de acceder a la Misa, sobre todo el domingo”.
    21. [A los obispos] “Acojan los carismas con gratitud”.
    22. [A los obispos] “No busquen la gloria mundana”.

    Estatalismo, relativismo y laicismo.
    23. “Un juicio inexorable espera a los que están arriba”.
    24. “El poder de Hitler llegó a poner en duda el futuro del cristianismo”.
    25. “El patrimonio espiritual y moral de Occidente corre el riesgo de verse ahogado, pisoteado y perdido”.
    26. “Jesús no buscó el consenso de los hombres sino dar testimonio de la verdad”.
    27. “[Los derechos humanos tienen] una base objetiva y racional, común a todos los pueblos [y no se basan] en culturas particulares, decisiones legislativas o tribunales”.
    28. “En algunos países europeos, la educación sexual y cívica amenaza la libertad religiosa”.
    29. “La libertad religiosa está amenazada por una mentalidad antirreligiosa”.

    Vida y familia.
    30. “La despenalización del aborto es una traición a la democracia”.
    31. “[La familia es] patrimonio principal de la humanidad”.
    32. “En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo”.
    33. “Cuando nuestras familias deben afrontar el dolor, miremos la cruz de Cristo: vencemos sobradamente gracias a Aquél que nos ha amado”.

    Juventud.
    34. “Entre vosotros están los santos del siglo XXI”.
    35. “No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo”.
    36. “Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia”.

    España e Hispanoamérica.
    37. “En España ha nacido una laicidad y un anticlericalismo fuerte y agresivo”.
    38. “[En España] no faltan formas, a menudo sofisticadas de hostilidad contra la fe, [que reniegan] de la historia y los símbolos religiosos, identidad y cultura de la mayoría de los ciudadanos”.
    39. “[Algunas] formas desviadas de religiosidad popular [en Hispanoamérica] crean más bien confusión”.
    40. “[La evangelización de América fue] obra de insignes y abnegados misioneros, que lo proclamaron con audacia y sabiduría”.

sábado, 9 de febrero de 2013

Detrás de Tí, por favor

11

YO TENGO FE


La Iglesia tiene la necesidad de vivir “cantando” y comunicando la fe en sabiduría y amor. Y quiere que se ponga la teología al alcance de todos. La verdadera teología -lo dice la experiencia secular- se hace partiendo de la Trinidad y de la Encarnación, con el alma “apoyada”, como San Juan en la Última Cena, en el pecho de Cristo.
Por eso es muy hermoso y confortante ver cómo la Madre Trinidad, mujer sencilla del Pueblo de Dios, conjuga su misión de testigo, de profeta, de teóloga, de ¡Eco de la Iglesia!, dando con sencillez, precisión y vida lo que a su vez ella ha recibido en plena luz para comunicarlo al Pueblo de Dios. 

¡Qué fuertemente se ha afianzado mi fe,
al saber que Dios se es…!

Yo tengo fe… Y creo en el único Dios verdadero, el que se es en sí, por sí y para sí su misma subsistencia eterna y suficiencia infinita; y en su unigénito Hijo Jesucristo, su enviado, el Ungido de Yahvé, el esperado de las naciones, el prometido a nuestros santos Padres y el ansiado por los Profetas; «Dios de Dios, Luz de Luz», de la misma sustancia y naturaleza del Padre y del Espíritu Santo. […]
Yo tengo fe… Y «creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria».
Un solo Dios y tres personas, iguales en su ser y distintas en sus personas.
Y mi vida de fe, llena de esperanza y encendida en el amor, me hace conocer, penetrar y saborear esta inefable, maravillosa y trascendente realidad, principio y fundamento de esa misma fe que poseo, y luz que esclarece todos los misterios que ella contiene, y que a mí me han sido manifestados en sabiduría amorosa, especialmente desde el 18 de marzo de 1959, para que los comunique, con el mandato de: «¡Vete y dilo…!»; «¡Esto es para todos…!».
«Yo sé que Dios se es –escribía el 23 de enero de 1960–. Y lo sé, sin saber, en su eterno entender; aunque lo que yo sé, Dios es, por haberme metido en su mismo saber, y en su entender lo sé. Y aunque lo que yo sé, Dios es, infinitamente me quedo sin saber lo que Dios es, en su serse ser; pero, sólo saber que mi Dios se es, me deja enamorada de amor por El que Es…
¡Y qué fuertemente se ha afianzado mi fe al saber que Dios es…!, porque ésta es la raíz de nuestra fe: el saber que Dios se es y cómo se lo es y el por qué se lo es.
Y si yo conozco los dogmas sin saber que Dios se es, y que Dios tiene su ser en sí mismo, todo se tambalea, porque la razón de mi fe está en que Dios se es».
«Si mi Dios no se fuera, nada sería, porque en Él y por Él, por su ser, “en el Verbo fueron hechas todas las cosas”, por y bajo el impulso del Espíritu Santo».
     Dios mismo, por un plan de su infinita voluntad sobre mí, innumerables veces me ha llevado a su seno, por ser Iglesia católica, apostólica y cimentada bajo la Sede de Pedro, para que saliera cantando a todos, en mi misión de Eco de la Iglesia, la riqueza esencial de nuestra vida de fe, recibida de esta Santa Madre.
Por eso el día 6 de abril de 1959, como en tantos otros días de aquel mes, y del mes anterior y otros meses consecutivos, ante la contemplación de su misterio, con fuerza irresistible me hacía exclamar:
«El ser de Dios…, ese terrible ser de Dios, tan infinito y terrible, en una majestad soberana, en una terribilidad terrible, en una inmensidad aplastante…; ese ser ¡tan infinito y terrible!, es por esencia paz…, quietud…, silencio… ¡Toda la eternidad en un silencio inalterable…, en una quietud incomprensible para nosotros…!
Toda la vida de Dios es un acto; ¡un acto de ser infinito, fecundo!; y tan infinitamente fecundo e infinito, que el Padre se contempla en un silencio silenciosamente terrible… Y el Verbo, que es la Canción jubilosa y amorosa del infinito Ser, sale, sin salir, del seno del Padre, y le canta, en un grito de ser, todo el ser terrible, inmenso y fecundo, en una sola y silenciosa Palabra: una sola y amorosa Palabra que es todo el ser en Expresión… Sí, una sola y silenciosa Palabra, una sola y amorosa Palabra, una sola e inexplicable Palabra… Inexplicable para nosotros, pero para Dios explica sin ningún ruido y en un acto todo el ser infinito y acabado del Padre… Es la Expresión adecuada que expresa, en expresión perfecta e infinita, todo el ser sin principio y sin fin.
Este Padre tan fecundo, tan silencioso, tan amoroso, que se contempla en una contemplación interminable e inempezable, se dice en un solo acto todo su ser inacabable, en una sola Palabra que se le sale de tanto ser fecundo… Y esa Palabra es el Verbo, única Expresión adecuada de Dios en su ser y en sus personas.
El Espíritu Santo tiene que proceder del Padre y del Verbo, porque no hay nada en Dios Padre que no lo haya en Dios Hijo; y el Espíritu Santo es el Amor personal que, reventando en un amor silencioso del seno del Padre y del Verbo, se le sale al Padre como ser amoroso amando al Verbo, y al Verbo como ser amoroso amando al Padre… El Espíritu Santo es el Amor que, reventando, se les sale al Padre y al Verbo en Persona-Amor. […]
«¡Y qué gozo…! ¡Y qué alegría…! ¡Cómo lo veo…! ¡Qué gozo tiene Dios por serse Él en sí mismo Canción de júbilo eterno…! ¡Qué gozo tiene mi alma de ver a Dios como es…! ¡Qué gozo…!
[…] Y el conocimiento que me da mi fe, esclarecida por los frutos, dones y carismas que el Espíritu Santo ha donado a su Iglesia, me lleva a participar de la misma vida de Dios; pudiendo llamar al Dios tres veces Santo, al Dios altísimo e inaccesible de infinita majestad: «mi Padre Dios», que arde en necesidad de introducir a sus hijos en su seno de Padre, como Él mismo lo imprimía a fuego en mi alma y yo expresaba como podía, con mis pobres y limitadas expresiones, el día 25 de marzo de aquel año 1959:
«Dios quiere ser conocido y amado por sus hijos… ¡Dios quiere que entremos en su seno, para que conozcamos el ser amoroso y calentito de nuestro Padre Dios…!».
«Dios es terriblemente infinito… Dios es un fuego cariñoso que es paternidad infinita. ¡Que Dios es Padre que quiere coger a todas las almas y meterlas en su seno…! Y para esto el Verbo se hizo Hombre: para cantarnos su Canción y darnos el amor infinito que arde en el seno de la Trinidad…
Que cuando hablo de la Trinidad necesito decir a todos que Dios no es un Dios estático, de piedra; Dios se es la Vida reventando en ser, en perfecciones, en riquezas, en belleza, en actividad familiar de Hogar hogareño e infinito, en infinitud infinita de alegría eterna…, en…, en…
       […] ¡Qué grande es Dios…!, ¡qué jubiloso…!, ¡qué Padre…!, ¡qué amor…!, ¡qué concierto de armonías cantado por el Verbo en su sola y eterna Voz en expresión de fecundidad…!
Todos tenemos que ser palabra con Cristo que cante su Canción eterna, porque somos Iglesia… Mi vocación, dentro del seno de esta Santa Madre, es meter a todos los hijos de Dios en el seno calentito de nuestra Familia Divina… ¡Qué reventón de perfecciones infinitas son mis Tres…! ¡Qué terrible es Dios en plenitud de vida…! ¡Que yo lo veo!, y no lo puedo decir… Pero mi gozo está en saberlo así de rico a mi Padre, aunque yo no le posea en su Luz gozosa…».
«¡Dios mío, que yo necesito cantarte…, cantarte…, cantarte hasta que me muera de tanto quererte cantar sin saber…! Me muero porque necesito cantarte a todas las almas… ¡Cantarte…, cantarte sin parar…!
¡Que todos sepan que Dios es amor! ¡Que Dios es amor…! ¡Que Dios es amor…! ¡Amor infinito…! ¡¡¡Que Dios es amor!!!». […]
      «¡¡¡Que todos se enteren que Dios es amor!!! Amor que se abrasa en deseos de comunicarse a las almas… ¡Que Dios es amor infinito…! ¡¡Que vengan todas las almas al regazo calentito del Padre-Amor!!».
«¡Que nadie se asuste de Dios…! ¡Que nadie tiemble de un Dios que ha muerto en la cruz por amor…! ¡Que se acerquen al seno calentito del Padre…! ¡Que vayan a la fuente de la Vida, que está en la Eucaristía…! ¡Que vayan las almas y coman al Verbo hecho carne!, que si comen al Verbo Encarnado, hecho Pan por amor, vivirán de la vida eterna en el seno de Dios… Porque donde está el Verbo, está el Padre y el Espíritu Santo. Y en nuestro seno pequeñito y en nuestro ser pequeñito, en el interior de nuestra alma, está Dios, si estamos en gracia…» […]
 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “Yo tengo fe”. 
Colección “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”  Opusc. 17

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “Yo tengo fe”.

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Fiel a la petición de Dios del año 1959: “¡Vete y dilo…!”; “¡esto es para todos…!”, la Madre Trinidad necesita ir depositando en el corazón de los que la acompañamos en estos tiempos toda la riqueza de la fe de la Santa Madre Iglesia, de la cual ella es testigo excepcional. Todo esto lo vivirán más profundamente los más humildes de corazón, porque “Dios se comunica a los pequeños”.
En estos momentos tan significativos de exaltación y de tribulación para la Iglesia, su testimonio son ráfagas de luz de gran consuelo para todos. 


Al querer manifestar lo que es la vida de fe, no puedo hacerlo sin antes adentrarme en el misterio de nuestra Familia Divina, en esa vida que es actividad infinita en felicidad plena, en perfección eterna, en plenitud divina y en comunicación trinitaria.
Dios, en su vida infinita, es eternamente feliz en comunicación hogareña. Él tiene en sí cuanto pudiera necesitar, en un señorío tal y en una riqueza tan inexplicable, que todo lo que es, Él se lo es de por sí. Para tenerlo todo, tiene hasta la potencia infinita de serse el que Se Es de por sí; y en esto está también la realeza infinita, el poder absoluto. [...]
       Dios vive su vida para sí, y, en un designio de su sabiduría eterna, quiere que esa misma vida sea vivida por nosotros. [...]
Y, ¡oh misterio incomprensible, que el hombre nunca pudo llegar a sospechar y que solamente el Omnipotente podía realizar!: Dios se hace Hombre y el hombre pasa a ser hijo de Dios; Dios mismo, en Canción divina y humana, nos deletrea, en María y a través de ella, su vida infinita.
El hablar de Dios es obrar. Por eso, al querernos decir su vida, la obra entre nosotros. [...]
Dios escoge a un Pueblo al que se la dirá, obrándola en él. Este Pueblo glorioso es la Nueva Jerusalén en la tierra, es la Iglesia. En la Iglesia, por tanto, está Dios viviendo su vida para sí y para nosotros; diciéndose su vida para sí por su Verbo, y para nosotros por su Verbo Encarnado. [...]
Dios mismo, en comunicación, es la vida de la Iglesia. Por eso la Iglesia está reventando en divinidad; por eso la Iglesia es el rostro de Dios en la tierra; porque es ella la que nos dice en conversación divina y humana, durante todos los tiempos, en un dicho que es obrarlo en nuestras almas a través de su liturgia, la misma vida de Dios. [...]
Y es la Iglesia la que, por medio de su liturgia, de los sacramentos, nos une a Cristo, nos perpetúa su vivir. Es la Iglesia la que nos da la misión del mismo Cristo de comunicar la vida de Dios a todos los hombres, la que nos pone en contacto con las tres divinas Personas para que vivamos de su vida, la que nos mete en el misterio de la Encarnación, y por lo tanto en María, perpetuándonos también la maternidad de la Virgen, que es donde y por quien se nos dio la vida divina. Y es la Iglesia la que nos llevará un día con Cristo glorioso a la Eternidad. [...]
Muchas veces preguntamos: ¿Qué es la vida de fe? Es todo el depósito infinito que Cristo ha comunicado y perpetuado en vida, en el seno de la Iglesia.
       La vida de fe no es una cosa fría, ni de estudio científico; es toda la riqueza pletórica del Infinito, dicha a nosotros en un romance de amor. Todo lo que la Iglesia nos dice y nos manifiesta, continuando la canción del Verbo, es el tesoro de nuestra vida de fe. La fe es la que nos pone en contacto con Dios, porque es la que nos deletrea los misterios riquísimos de nuestro cristianismo. [...]
Vivir de fe es vivir de Dios, de Cristo, de María; es engolfarse en la vida de las tres divinas Personas; es recibir el mensaje del Verbo Encarnado; es cobijarse en la maternidad de María; es escuchar, recibir y adherirse a todo lo que nos dice la Iglesia en su comunicación de los misterios divinos. [...]

La Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
El Padre, conociéndose a sí mismo, rompe en Palabra de fuego. Esa Palabra es su Verbo, su Hijo, el que dice todo lo que hay en el seno de la Trinidad, ya que es la Expresión de la realidad eterna. Pero este Dicho o esta Palabra que dice el Padre, sólo es pronunciada en el amor del Espíritu Santo. Por eso, el que quiera escuchar la Palabra divina fríamente y sin amor, no recibe al Verbo, porque el Verbo sólo se comunica y es dicho en el amor en el seno de la Trinidad y en las almas que se abren a la acción santificadora del mismo Espíritu Santo.
Alma-Iglesia, cualquiera que seas, ábrete a lo que te dice el Verbo en el seno de la Iglesia. [...] No olvides tampoco que la vida de Dios es muy distinta de lo que tú piensas, de lo que tú entiendes, de lo que tú conoces… Tus conceptos humanos no sirven ante la fe, y por eso a veces te parece que ésta es oscura, no porque en sí lo sea, sino porque tú estás ciego. Explícale a un ciego cómo es el sol, que mientras no desaparezca su ceguera, él lo verá todo negro.
El medio para vivir en la luz es hacerse pequeño, pues sólo a los pequeños les son manifestados los secretos del Padre. También tienes que escuchar al Señor en grandes ratos de intimidad, para que el amor se vaya posesionando de tu alma y así la sabiduría de lo divino, que sólo se dice en el amor, se haga vida en ti.
 
Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 
Fragmento del escrito “EL MISTERIO DE LA FE”, tomado del libro “La Iglesia y su Misterio” 

Nota.- Para descargar el tema completo pulsar aquí: “El misterio de la Fe”.




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